PasiónAjedrez: La Defensa Bobby Fischer, por Gary Kasparov

sábado, julio 14

La Defensa Bobby Fischer, por Gary Kasparov

Me resultaría imposible escribir en forma neutral sobre Bobby Fischer aunque lo intentara. Nací el año en que logró el puntaje perfecto en el Campeonato norteamericano de 1963, 11 victorias sin ningúna derrota o tablas. Sólo tenía 20 entonces, pero era obvio desde hacía años que estaba destinado a convertirse en una figura legendaria. Su libro, My 60 Memorable Games, fue una de mis primeras y mas atesoradas posesiones en material de ajedrez. Cuando Fischer arrebató la corona mundial a mi compatriota Boris Spassky, en 1972, yo ya era un fuerte jugador de club que seguía cada movida que llegaba desde Reykjavík. El norteamericano había aplastado a otros dos grandes maestros soviéticos en la ruta hacia el match por el título, pero había muchos en la Unión Soviética que admiraban en silencio su descarado individualismo y su sorprendente talento. Soñaba con jugar contra Fischer algún día, y nos convertimos, eventualmente en competidores, de algún modo, aunque fue en los libros de historia y no sobre el tablero. Dejó el ajedrez competitivo en 1975, abandonando el título que había codiciado tanto durante toda su vida. Pasaron diez años antes de que yo ganara el título al sucesor de Fischer, Anatoly Karpov, pero rara vez un entrevistador perdía la oportunidad de traer a colación el nombre de Fischer. “¿Vencería a Fischer? ¿Jugaría contra Fischer si volviera? ¿Sabe dónde está Bobby Fischer?”.

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